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o que más me gusta de este número, que le rinde culto a los accesorios, las flores, al estilo sahariano y a las madres top, es que su inspiración, su leitmotiv, reside bajo la sombra de la mujer real. Tanto aquella que no se desvive por estar siempre en tacones de vértigo, como la que está dispuesta a todo por lucir el must-have de la temporada, sea o no sea imposible de ponerse.
Por esta razón, la conocida frase “Dime qué calzas y te diré quién eres” le ha quedado como guante a la mano a esta edición. Lo vemos en sandalias a ras del suelo o elevándose a las |
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alturas, como jirafas en tacones que parecen obras de arte, y que junto a los bolsos de flores son los protagonistas de nuestro Especial de accesorios.
Los años de charlestón, el retro de los cincuenta, el volumen en las minifaldas, las transparencias que no dejan nada a la imaginación y los estampados que, entre girasoles, tulipanes y rosas recuerdan un jardín de flores, parecen traer a Vogue la primavera e influenciar los reportajes fotográficos que
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firman Patrick Demarchelier, Tesh —que inmortalizó a Anouck Lepère en la portada—, Steven Meisel y Mario Testino. Este último viajó a su natal Perú y el resultado no podía ser menos espectacular: una imagen hippy y bohemia de los setenta, en pleno centro de la ciudad de Cuzco, en Los Andes.
Lejos del lente de Testino, de la magia de una imagen, abarcamos dos temas reales. El primero fue un tema tabú por muchos años y tiene como nombre la infertilidad. Nuevos estudios dejan claro que la “culpa” no es ni de la mujer ni del hombre que no pueden tener hijos. La causa puede ser tan sencilla e inédita como el detergente que se usa o la botella de plástico de la que bebemos agua. Que estas investigaciones no hayan visto la luz antes, hacen pensar lo importante que es estar al tanto de todo.
Para Rosaura Rodríguez, escritora y colaboradora de Vogue, lo que es casi imposible es hacer las paces con el “síndrome superwoman”. Por suerte para nosotros, es el tema que más le gusta explorar y lo hace con un humor fino que destila sarcasmo y un punto de vista único y real. Y es que, en nuestra desesperación por ser tan perfectas, perdemos el sentido de lo que es más importante: nuestra felicidad y esto sí que debería ser una realidad. |
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